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   Edición 69 / Abril del 2000

Salud




La Diabetes en las Américas
CEPIS / OPS / OMS



Mensaje del Director de la OPS - Sir George Alleyne


El descubrimiento de la insulina en 1921 sobresale como uno de los grandes logros de la ciencia médica en este siglo. Hasta hace 75 años, los jóvenes aquejados de "diabetes juvenil" solían morir dos años después de diagnosticada la enfermedad. Tras la introducción de la insulinoterapia, la mortalidad por esta causa bajó considerablemente.

No obstante, este éxito vino acompañado de otros problemas: las personas aquejadas de diabetes mellitus insulinodependiente que antes habrían muerto en poco tiempo ahora sobrevivían--pero con un alto riesgo de contraer complicaciones discapacitantes que exigían recursos de asistencia sanitaria en proporción mucho mayor que el promedio. Además, la diabetes mellitus no insulinodependiente (DMNID) surgió como consecuencia de los modos de vida asociados con la modernización; en consecuencia, la amenaza de la diabetes se cierne hoy en día sobre todo el mundo.

En la actualidad, la diabetes es una causa importante de discapacidad y muerte en prácticamente todos los países de las Américas. En 1994, había unos 28 millones de casos en la Región (una cuarta parte del total mundial): 15 millones en los Estados Unidos de América y el Canadá y 13 millones en América Latina y el Caribe. Hacia el año 2000, el número de casos en América Latina y el Caribe será mayor que el de Estados Unidos y el Canadá; hacia el año 2010, se prevé que aumentará a 20 millones, debido principalmente al envejecimiento de la población, así como a los cambios sociales y a los factores de riesgo asociados con estos.

Por lo tanto, en 1995 la Organización Panamericana de la Salud decidió apoyar con carácter prioritario la formulación de programas relativos a la diabetes en su recién creado Programa de Enfermedades No Transmisibles. Inicialmente se asignó particular importancia a las actividades de formación de consenso, en colaboración con la Asociación Latinoamericana de la Diabetes (ALAD), la Asociación Caribeña de la Diabetes (CDA) y la Federación Internacional de la Diabetes (FID).

Otras iniciativas importantes fueron la elaboración de un enfoque basado en la diabetes para programas integrados de enfermedades no transmisibles, apoyo a un curso regional de capacitación en epidemiología para Colombia, apoyo a un curso de la FID para directores de asociaciones de lucha contra la diabetes de América del Sur, diseño de un estudio para demostrar los efectos económicos y clínicos del mejoramiento de la calidad del tratamiento de la diabetes, traducciones al español de la publicación de la FID, Educación sobre diabetes. Disminuyamos el costo de la ignorancia y la producción de un folleto de título: La diabetes en las Américas: datos para los profesionales de la salud.

La creciente carga de la diabetes entre muchos grupos de población de las Américas, unida a las pruebas recientes de la eficacia de las estrategias de prevención y tratamiento, justifica la mayor atención que están prestando a esta enfermedad los sectores clínico y de salud pública en todos los países. Como ocurre con todas las otras enfermedades crónicas importantes a las que deben hacer frente los servicios sanitarios, es mucho lo que puede hacerse para mitigar las repercusiones de la diabetes sobre individuos y sociedades. Las esferas fundamentales para la acción son las siguientes:

  • Instar a las personas a que mantengan un peso corporal adecuado, disminuyan el consumo de grasas y aumenten la actividad física, lo cual podría reducir la incidencia de la DMNID hasta en 50%.
  • Atacar los factores de riesgo como el tabaquismo y la hipertensión y mejorar el control metabólico de la glucosa, lo que podría reducir la tasa de complicaciones en 50% o más.
  • Mejorar la calidad de la asistencia, haciendo hincapié en el autocuidado (incluyendo al paciente y a su familia en el equipo de salud), lo que mejorará la calidad de la vida de las personas con diabetes y también reducirá los costos de atención médica por paciente al ayudarlos a prevenir las complicaciones.
  • Apoyar la formulación de programas bien administrados sobre la diabetes, a los niveles nacional y local, que se integren a los programas de control de las enfermedades no transmisibles de importancia para la salud pública; estas medidas mejorarían considerablemente las perspectivas de reducir la tasa de aumento proyectada para esta enfermedad en los próximos decenios.
  • Apoyar la formación de asociaciones nacionales de lucha contra la diabetes, que pueden ayudar en la prevención y el control de la enfermedad por medio de actividades como educación de los pacientes y del público, apoyo para capacitación clínica y atención basada en la comunidad, y, al mismo tiempo, podrían ampliar los recursos destinados a hacer frente a las repercusiones de la enfermedad.

El establecimiento reciente de relaciones oficiales entre la OPS y la Federación Internacional de la Diabetes fue un acontecimiento importante que vino a culminar una cantidad considerable de actividades conjuntas durante el año pasado. Estas actividades, en las que tuvieron una activa participación los consejos regionales de la FID para América del Norte, Central y del Sur, se han centrado en las necesidades de las Américas. Se ha establecido un marco para la planificación que abarca seis años, con miras a facilitar la cooperación y la coordinación de nuestras actividades en las Américas.

La Declaración de las Américas es el primer ejemplo de la cooperación entre la FID y la OPS en materia de formulación de políticas sobre la diabetes. Esta Declaración solamente tendrá sentido en la medida en que esté acompañada por el tipo de planificación y ejecución que siguió a la Declaración de Saint Vincent sobre Atención y Estudios de la Diabetes en Europa, de la Región de Europa de la OMS (Italia, 1989).

En 1996, cuando se cumplen 75 años del descubrimiento de la insulina por Banting, Macleod, Best y Collip en Toronto (Canadá), nuestra región en conjunto ha reconocido que ha llegado el momento de detener la amenaza de la diabetes. Por lo tanto, quiero hacer un llamamiento a todos los países miembros de la OPS para que reduzcan las repercusiones proyectadas de esta enfermedad mediante la promoción de la salud, la medicina preventiva y el mejoramiento de la calidad de la atención. La Declaración de las Américas será un buen instrumento para guiarlos en esta tarea.

Declaración de las Américas sobre la Diabetes

Antecedentes


Se anexa la Declaración de las Américas sobre la Diabetes, aprobada en la reunión regional celebrada en San Juan (Puerto Rico) del 2 al 4 de agosto de 1996, a la que se hace referencia en el documento CD39/19. Asistieron a la reunión, copatrocinada por la Organización Panamericana de la Salud y la Federación Internacional de la Diabetes, personas procedentes de 29 países que representaban a ministerios de salud, asociaciones profesionales y de lucha contra la diabetes, la industria privada, organizaciones laicas, los medios de comunicación y algunas organizaciones internacionales.

La Declaración pone de relieve la importancia cada vez mayor que tiene la diabetes como parte de la carga de morbilidad de la población y las estrategias eficaces que deberían aplicarse. A nivel de la política nacional, las personas con diabetes deben tener igualdad de acceso al empleo. A nivel de la política sanitaria, las comunidades deben promover la alimentación saludable y el ejercicio físico a objeto de prevenir el inicio de la diabetes no insulinodependiente. A nivel de los servicios sanitarios, debe mejorarse la calidad de la asistencia para prevenir complicaciones en las personas con diabetes y velar por que haya acceso a la insulina.

La diabetes por sí misma es una causa importante de morbilidad y mortalidad; al mismo tiempo, es causa subyacente de enfermedades cardiovasculares. Tiene repercusiones sobre la calidad de vida de las personas afectadas y sus familias, así como sobre el sistema de asistencia sanitaria que debe sufragar los costos de las complicaciones y la discapacidad.

La Declaración esboza principios para la formulación de programas relativos a la diabetes en el contexto de la prevención y el control integrados de las enfermedades no transmisibles. Insta a obtener la participación de todos los interesados directos y a movilizar los recursos existentes, y también aboga por el adiestramiento, la investigación, la difusión de información y la formación de alianzas para la cooperación técnica en y entre los Estados Miembros.

Declaración de las Américas sobre la Diabetes

(CD39/19)

Preámbulo

La diabetes mellitus es una pandemia en aumento. En las Américas, se calcula que en 1996 viven unos 30 millones de personas con diabetes, lo que equivale a más de la cuarta parte del total de casos mundiales. Se prevé que para el año 2010 el número de de casos en las Américas llegará a 45 millones, si se tiene en consideración el envejecimiento demográfico de las poblaciones y las tendencias en los principales factores de riesgo relacionados con el proceso de modernización que está ocurriendo en todos los países en desarrollo. Asimismo, ciertos grupos étnicos en las Américas presentan una mayor incidencia y prevalencia de diabetes.

En las Américas, la diabetes es un grave problema de salud pública y de alto costo que aqueja a todos, sin distinguir edades o niveles socioeconómicos. Hay millones de personas que no saben que tienen la enfermedad y otras tantas que, a pesar de que se les ha diagnosticado, no reciben el tratamiento apropiado. Se subestima la repercusión de la diabetes sobre las sociedades y las personas. Las personas con diabetes cuya enfermedad está mal controlada tienen un riesgo mayor y una incidencia elevada de ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, ceguera, insuficiencia renal, amputación de piernas y muerte prematura. La diabetes no solo acorta la vida productiva, sino que tiene serias repercusiones sobre la calidad de vida del enfermo y la de su familia. Hay datos científicos que demuestran claramente que es posible evitar gran parte de este sufrimiento humano.

La diabetes, especialmente cuando está mal controlada, puede representar una pesada carga económica para el individuo y la sociedad. La mayoría de los costos directos de la diabetes provienen de las complicaciones, que a menudo es posible reducir, aplazar o, en ciertos casos, prevenir. Dependiendo del país, los cálculos indican que la diabetes puede representar entre 5% y 14% de los gastos de salud.

La pobreza perjudica el tratamiento de la diabetes. Disminuye las probabilidades de obtener un diagnóstico acertado e influye en la calidad de la educación recibida, en lo apropiado del tratamiento y en el acceso a él, así como en el riesgo de que surjan graves complicaciones. Es necesario hacer frente a estas inequidades al formular estrategias y programas de prevención y control de la diabetes en todos los países.

A menos que se haga frente a estas tendencias mediante respuestas multisectoriales más estratégicas e integradas, se observará el consiguiente aumento de complicaciones graves y costosas, lo que a su vez acarreará deterioro de la calidad de vida y muerte prematura debida a la diabetes.

Gracias a los conocimientos y la tecnología actuales, es posible promover la salud y prevenir las complicaciones en las personas con diabetes mediante un buen control de la glucemia y modificando los factores de riesgo cardiovascular. Con relación a lo que ahora se conoce acerca de las posibilidades de prevenir esta enfermedad y la eficacia del tratamiento clínico, lo que se hace actualmente para su manejo en todos los países dista mucho de lo que sería posible lograr. Lamentablemente, muchas personas con diabetes no son atendidas. Por otra parte, muchos de quienes tienen acceso a la asistencia sanitaria no reciben la calidad de atención que sería posible prestar aun cuando los recursos sean modestos.

Hay oportunidades para reorientar los recursos que ya se han asignado a este problema creciente, de manera que se reduzca la tasa de aumento y la frecuencia de las complicaciones y se mejore la calidad de vida para todas las personas con diabetes y sus familias. También hay oportunidades para mejorar la asistencia y al mismo tiempo bajar el costo por paciente, prestando atención al desarrollo y la utilización más adecuada de la asistencia ambulatoria y comunitaria. Igualmente importante es la necesidad de incluir a las personas con diabetes en el equipo de asistencia de salud para que estos logren un mayor grado de autocuidado y de calidad de vida.

Reconocer a la diabetes como una prioridad de salud nacional y velar por que los recursos que se le asignen den el máximo rendimiento posible en materia de eficacia, eficiencia y calidad de vida, redundará en beneficio de la salud, la economía y la sociedad de todos los países.

Si se quiere dar un vuelco a la situación actual para mejorarla, es necesario apoyarse en una visión, en un plan y en el compromiso de todos los países de las Américas de acometer la gran empresa que nos espera a medida que nos acercamos al año 2000 y más allá.

Visión

Mejorar, para el año 2000 y más allá, la salud de las personas de las Américas aquejadas de diabetes o en riesgo de contraerla.

Plan

Para que esta visión se haga realidad, todos los países deberían adoptar el siguiente plan estratégico general:

  1. Reconocer a la diabetes como un problema de salud pública que es grave, común, creciente y costoso. Cada país debe determinar la verdadera carga epidemiológica y económica de la diabetes como base para determinar cuál será la prioridad que se le asigne en el programa nacional de salud.
  2. Formular estrategias nacionales contra la diabetes que incluyan metas, indicadores de proceso y medidas de resultado específicas y apropiadas. En lo posible, esto deberá incluir referencias a la cantidad, la calidad y a los plazos.
  3. Formular y llevar a la práctica un programa nacional contra la diabetes que incluya prestación de asistencia sanitaria de calidad, promoción de estilos de vida saludable y prevención de las enfermedades, con miras a reducir la morbilidad y la mortalidad de las personas con diabetes y mejorar su calidad de vida. Este programa nacional contra la diabetes puede ser autónomo o integrado con programas afines de enfermedades no transmisibles.
  4. Asignar recursos suficientes, apropiados y sostenibles para la prevención de la diabetes cuando sea posible, el manejo de la enfermedad, el manejo y prevención de sus complicaciones y auspiciar investigaciones relevantes. Debe promoverse la adquisición de aptitudes de gestión a todos los niveles para impulsar el uso más eficaz y eficiente de dichos recursos.
  5. Diseñar y llevar a la práctica un modelo de asistencia sanitaria integrada que incluya tanto a personas con diabetes como a profesionales de asistencia sanitaria y a una amplia gama de personas del sistema de salud. Este modelo combina la atención y la educación, vela por la comunicación de la información a todos los niveles pertinentes y abarca mejoras continuas de la calidad. Debe asignarse particular importancia a la atención primaria de salud para lograr el diagnóstico temprano, el tratamiento adecuado y la atención de seguimiento. Deben introducirse lineamientos para la práctica clínica, de tal manera que la calidad de la atención sea uniforme y se facilite su cumplimiento.
  6. Velar por que se ponga al alcance de todas las personas con diabetes un suministro asequible de insulina y otros medicamentos, así como de otros productos necesarios para tratar adecuadamente la diabetes y prevenir complicaciones discapacitantes.
  7. Velar por que las personas con diabetes puedan adquirir los conocimientos y aptitudes que los faculten para el autocuidado de su enfermedad crónica. Velar por que el equipo de asistencia sanitaria tenga las aptitudes y los conocimientos especiales necesarios para atender a las personas con diabetes.
  8. Crear asociaciones nacionales con miras a mejorar los conocimientos del público y el bienestar de las personas con diabetes y contar con un medio para participar en la elaboración de los programas nacionales contra la diabetes. Al reconocer el problema de la discriminación que afecta a muchas personas que padecen de diabetes, una de las funciones clave que deben cumplir esas asociaciones es promover un entorno favorable para las personas con diabetes y abogar por la equidad social. Otra función clave es apoyar y promover investigaciones que puedan generar nuevos conocimientos sobre la diabetes. Esta información podrá traducirse en mejor asistencia sanitaria y en mejores formas de prevenir la diabetes y sus complicaciones.
  9. Concebir e implantar un sistema común de información sobre la diabetes en las Américas para documentar y hacer el seguimiento del logro de mejor salud para las personas con diabetes. Los datos obtenidos aportarán información destinada a establecer y mejorar la atención de pacientes, así como optimizar los sistemas para la entrega de servicios y los recursos para programas futuros.
  10. Promover alianzas entre los principales interesados involucrados en lograr una mejor salud para todas las personas con diabetes. La colaboración continua entre todos los interesados es esencial para cumplir esta misión.
Compromiso

Todos los países de las Américas invertirán en la prevención y control de diabetes, como una demostración práctica de la aplicación de la estrategia mundial de salud para todos.

Resolución

DIABETES EN LAS AMÉRICAS

CD39.R12

LA XXXIX REUNIÓN DEL CONSEJO DIRECTIVO

Habiendo examinado y debatido el documento CD39/19, que aborda la importancia cada vez mayor de la diabetes como parte de la carga de morbilidad en las Américas;

Teniendo en cuenta que la promoción de un régimen alimentario saludable y el ejercicio regular puede reducir la incidencia de diabetes no dependiente de la insulina, y que una mejor calidad de la atención, incluida la educación de los pacientes, reducirá la incidencia de complicaciones en todas las personas con diabetes;

Reconociendo que, como un principio fundamental de la atención de la diabetes, la insulina debe estar al alcance de todas las personas que la necesitan;

Reconociendo, además, que las personas con diabetes, a pesar de su capacidad, a veces sufren discriminación en el empleo, y

Tomando nota con satisfacción de la nueva relación establecida entre la OPS y la Federación Internacional de la Diabetes (resolución CE118.R8) para prestar cooperación técnica conjunta, y la formulación satisfactoria de la Declaración de las Américas sobre la Diabetes como el primer fruto de esta asociación,

RESUELVE:

1. Instar a los Estados Miembros:

a) A que reconozcan que la diabetes es un problema de salud cada vez más importante en la Región;

b) A que adopten la Declaración de las Américas sobre la Diabetes como guía para la elaboración de programas nacionales.

2. Exhortar a todos los socios a que participen en la movilización de recursos, además del adiestramiento, la investigación, la difusión de información y la cooperación técnica directa en los Estados Miembros y de estos entre sí.

3. Recomendar al Director que la OPS siga fortaleciendo su colaboración con las asociaciones de lucha contra la diabetes y otras organizaciones no gubernamentales, promueva un enfoque integrado de control de las enfermedades no transmisibles dentro del que pueda abordarse la diabetes y apoye la elaboración de programas nacionales contra la diabetes.

(Aprobada en la décima sesión plenaria, celebrada el 27 de septiembre de 1996) @






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