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Según marcan las estadísticas, en la Argentina mueren alrededor de 500 niños por año a causa de un síndrome conocido como Muerte Súbita del Lactante (MSL). Quizás por la falta de fortaleza para revertir una situación de este tipo el deceso ocurre por asfixia mientas el bebé duerme.
Los investigadores del National Institutes of Health de los Estados Unidos, la definen como "el deceso repentino de un lactante que permanece sin explicación luego de un examen post-morten completo, que incluya la investigación del escenario de la muerte y la revisión de la historia clínica del caso".
Según el doctor Manuel Rocca Rivarola: "Hay que mejorar el nivel de los estudios post-morten, ya que además de los análisis anatomopatológicos, radiológicos, tóxicos y humorales, se requiere la revisión exhaustiva de la historia familiar y la investigación del escenario de la muerte junto a la revisión de la historia clínica".
La pérdida de un ser querido requiere desarrollar un proceso que permita resignarse a su ausencia definitiva. Una conocida campaña publicitaria destinada a la prevención de la drogadicción lo plantea crudamente: "Cuando se mueren tus padres te dicen huérfano, cuando se muere tu esposa te dicen viudo, cuando se muere tu hijo no tiene nombre". El doctor Cohen Arazi, coordinador del Hospital Garraham, no duda en afirmar que "el duelo por la muerte súbita de un lactante adquiere características particulares, por ser éste un hecho inesperado, imposible de prever y sin ningún tipo de explicación.
En un desenlace como este, no sólo se debe soportar la difícil carga de la pérdida de un niño, sino que además se altera el orden natural de la vida para los padres, dejando de lado todos los sueños que se proyectaron al igual que lo hace cualquier familia. La muerte repentina además genera un gran sentimiento de desvalorización.
La elaboración del duelo, no consiste en suprimir la existencia del niño sino en permitir el recuerdo en el interior de cada uno, reencontrándolo siempre de otro modo, entendiendo que nunca más estará presente en lo concreto pero si en lo espiritual.
Epidemiología
La doctora María Mazzola, especialista en neuropediatría de FLENI, puntualizó:
- No se descartan los fallecimientos ocunidos por esta causa durante las primeras 2 semanas de vida y después de los 6 meses, aunque son excepcionales.
- Su incidencia en los países desarrollados es del 2 por mil y es la causa más frecuente de muerte entre la primer semana y los 12 meses.
- Con frecuencia se rescatan antecedentes de infecciones recientes o comportamientos extraños del bebé.
- Suele tener mayor incidencia durante los meses más fríos del año.
En su ponencia del 22 de octubre de este año (1999) en el Centro de Docencia y Capacitación Pediátrica doctor Carlos Gianantonio, señaló como factores de riesgo:
- Concernientes a la madre: madres menores de 20 años, multíparas, adictas, fumadoras, de bajo nivel socio-económico, con breves lapsos ente las gestas, con infecciones urinarias recurrentes y anemia durante el embarazo, con escasos controles prenatales.
- Relativos al niño: lactantes de sexo masculino, de peso inadecuado para la edad gestacional, con alteraciones neurológicas moderadas, antecedente de hermanos de niños fallecidos por el síndrome, lactantes que fueron hallados en aparente pausa respiratoria, pálidos o cianóticos (coloración azulada de la piel) y en los que se realizaron maniobras intensas de recuperación por un suceso de aparente amenaza a la vida.
Dos circunstancias existen en la mayoría de los casos: la muerte ocurre entre los 2 y 4 meses de edad y el 90% tiene lugar durante el sueño. Es durante ese período de la vida en la que aparecen los ritmos circadianos (patrón basado en el ciclo de 24 horas referido a la repetición de fenómenos fisiológicos, como el sueño y la comida), el sueño evoluciona con mayor rapidez y comienza a adquirir características de la edad adulta.
En las futuras víctimas de muerte súbita, han sido descriptas modificaciones de los estadios del sueño y la vigilia. Las fallas en el mecanismo del despertar son importantes cuando se presentan apneas, en especial las obstructivas.
Los hallazgos de patrones de sueño anormales en estos niveles sugiere la presencia de alteraciones en el sistema nervioso central. La muerte es consecuencia de la asociación de una alteración del control central cardio-respiratono durante el sueño y de un déficit de los mecanismos del despertar.
Reduciendo los riesgos
No hay consejos que garanticen evitar el SMSL, pero hay formas de lograr que el riesgo disminuya:
Posición supina del bebé para dormir: los bebés que duermen boca arriba tienen entre 3 y 12 veces menos riesgo. Las únicas contraindicaciones son: malformaciones craneofaciales o evidencia de obstrucción de la vía aérea superior y niños con reflujo gastroesofágico patológico.
Si el niño por razones médicas debiera dormir boca abajo pueden minimizarse los riesgos asegurando:
- La superficie en la cual duerme sea dura, sin almohadas ni corderitos, porque su nariz puede hundirse, aspira su propio dióxido de carbono y sus vías respiratorias se ven obstruidas.
- Los brazos del bebé queden fuera de la ropa para evitar que se deslice debajo de ésta y duerma con la cabeza cubierta.
- No haya sobreabrigo.
Posición de costado: Es más segura que la posición boca abajo, pero menos que la de boca arriba. El brazo en contacto con el colchón debe ser colocado en ángulo recto con el cuerpo y la espalda apoyada contra uno de los laterales de la cuna para evitar que el bebé se de vuelta.
Lactancia materna: protege al niño de enfermedades, disminuye la incidencia de infecciones respiratorias o gastrointestinales y favorece el sueño del bebé.
Atmósfera libre de cigarrillo, antes y luego del nacimiento: si la madre fuma durante el embarazo y durante el primer año de vida del bebé el riesgo del SMSL se cuadriplica. Si ambos padres fuman, el riesgo se incrementa 2,41 veces más.
El hábito de dormir a los bebés boca abajo esta muy arraigado en la población. Por ello las acciones deben tender a producir lentamente un cambio en los hábitos, ya que investigaciones científicas a nivel internacional lo garantizan. @
Por María Cecilia Lanuke De la redacción de El Mercurio de la Salud.

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