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   Edición 69 / Abril del 2000

Flora




La Parra...
Historia Viva del Mediterráneo

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España del MAE
hu@nexo.es
Acuarela de Antonio Herrero Uceda

España


Quizás no exista otra planta que esté más ligada con todo el patrimonio histórico del Mediterráneo, pues, aunque en alimentación haya otros productos agrícolas con más incidencia en el consumo, como los cereales y las legumbres, lo cierto es que la parra reúne tres elementos que la convierten en una especie única en la historia de todos los pueblos del Mediterráneo: su forma exuberante, que ha inspirado a tantos artistas; la riqueza de sus hermosos racimos, tan gratos al paladar; y por último, el vino, cuya importancia rebasa el ámbito cotidiano y social, para permanecer ligado a la esfera religiosa, posición que aún hoy disfruta.

En tiempos remotos, el área de extensión de las parras silvestres era bastante mayor que en la época presente. Los restos fósiles del Terciario demuestran que existían vides hasta en Islandia, que entonces gozaban de un clima más benigno que el que padece en nuestro tiempo. En la actualidad, este género cuenta con una multitud de especies, casi todas americanas, algunas de Extremo Oriente, que se cultivan como plantas ornamentales. Desde el punto de vista humano y agrícola, la más importante del género es la vid o parra del mediterráneo (Vitis vinifera) . La diferencia entre los términos parra y vid radica en que se suele emplear el primero cuando está levantada y extiende sus largas ramas sarmentosas, cubriendo una gran área.

La uva es una fruta deliciosa y muy nutritiva, contiene aproximadamente un 15% de azúcares (fructosa, sacarosa y glucosa), ácidos libres (tánico, gálico, málico, cítrico,..) cremor tártaro, vitaminas A, C, y en menor proporción B. También contiene calcio, por lo que resulta muy beneficioso para los niños en edad de crecimiento. La piel es rica en tanino, ácidos y materia colorante responsable del cambio de color en la fermentación del mosto al vino. Las pepitas tienen aceites, ácidos volátiles y una materia de sabor desagradable, resultado de la evolución de la especie, para evitar que los animales al ingerir el fruto, destruyan la semilla.

Acuarela de Antonio Herrero Uceda

Aparte de su uso para el consumo directo y la elaboración del vino, se emplea para obtener el mosto y el agraz, zumo realizado con uvas no maduras, muy agrio, pero refrescante y astringente. También se utilizan las uvas para preparar conservas en forma de jaleas.

Fuera de la región mediterránea se cultiva la vid en EE.UU., Sudamérica, Sudáfrica, Japón y Sur de Australia. Donde quizás la viticultura se realice en condiciones más adversas es en Lanzarote. Los agricultores de esta isla tienen que luchar contra tres poderosos enemigos, la sequía, el viento y el malpaís o capa de lava que cubre el antiguo suelo. Para vencer en los tres frentes, el campesino ha de realizar perforaciones en el duro malpaís, para plantar las vides en el suelo primitivo. Estos hoyos se cubre con arena o picón para retener la humedad y para evitar la desecación por la insolación. Finalmente se levantan muros cortaviento rodeando a cada planta. De esta forma Lanzarote obtiene anualmente unos 20.000 hectolitros de vino de gran calidad y graduación, entre los que destaca los apreciados vinos de malvasía.

En América existen especies silvestres de vides. Estas especies tienen un insecto parásito, llamado filoxera (Phyllosera vastatraix) , que no afecta al desarrollo de la planta. Sin embargo, este pequeño parásito resulta mortal para las vides europeas, que no están preparadas para este ataque.

Aunque hubo antecedentes anteriores, la plaga en Europa empezó 1863, cuando un terrateniente de Burdeos trató de aclimatar plantas procedentes de EE.UU. en sus tierras. Desde Francia se extendió en pocos años a todos los países europeos. En 1879, llegó a España; en los siguientes veinte años se redujo la superficie dedicada a vides en un 90%. Por fortuna, se descubrió que las raíces de las americanas son resistentes al ataque del hemíptero, por lo que los agricultores comenzaron a emplear pies de cepas americanas, sobre las que se injertan las europeas, salvando la industria de la viticultura de la inminente amenaza de muerte. La filoxera es un ejemplo de los peligros que entrañan mezclar especies procedentes de ecosistemas separados.

A la viña, viñadores,
que sus frutos de amores son;
a la viña tan garrida,
ahora que está florida,
a las hermosas convida
con los pámpanos y flores;
A la viña, viñadores,
que sus frutos de amores son,
y racimos de dolores,
con que alegran el corazón.
A la viña, viñadores,
que sus frutos de amores son;

(Lope de Vega, El heredero del Cielo)

En la historia de las civilizaciones, la viticultura se remonta al inicio de la época de los grandes imperios agrícolas del creciente fértil. Gilgamésh, el héroe mitológico sumerio, al encontrarse con Siduri, la diosa de la sabiduría, le pide que le enseñe el secreto de la inmortalidad y ella le muestra un jardín, donde hay un árbol milagroso, una parra a la que llaman "Madre Viña".

En el mazdeísmo de la antigua Persia, el vino es la sabiduría y pureza. La parra era para ellos una metáfora del firmamento, el cual se lo figuraban como un inmenso emparrado cósmico que envuelve los cielos, cubriéndolos con racimos de uvas, cuyos granos brillantes son las estrellas.

Como motivo decorativo, aparecen vides en las pinturas de las tumbas egipcias, la primera gran civilización mediterránea.

Entre los griegos, el cultivo de la vid es mucho más reciente que el trigo, por ello su culto está ligado a divinidades más modernas como Dionisos (dios de la vegetación, de la vid, del vino, del renuevo estacional y del júbilo), en vez de Demeter, la antiquísima diosa de la fertilidad.

El Céfiro, soplando siempre, hacía crecer a unos y madurar a otros; la pera sucedía a la pera, la manzana maduraba tras la manzana, la uva tras la uva y el higo tras el higo. Allí en la viña ubérrima, se secaba el racimo bajo el ardor de Helios en un lugar raso; allá era recogido y pisado, y mientras unos perdían sus flores, otros racimos maduraban... Tales eran los espléndidos presentes de los Dioses en la morada de Alkinoo.

(La Odisea, rapsodia VII)

Los antiguos griegos y posteriormente los romanos hacían ceremonias religiosas con copas de vino, llamadas libaciones; se mojaban los labios con el preciado líquido y derramaban el resto en honor a sus dioses.

Pontonoo, mezcla vino en la crátera y distribúyelo entre todos cuantos se hallan en la estancia, para que, una vez suplicado al Padre Zeus, enviemos nuestro huésped a su patria.

Así dijo, y Pontonoo mezcló vino y miel y lo distribuyó a todos. E hicieron libaciones a los Dioses venturosos que habitan en el ancho Urano.

La Odisea, rapsodia XIII)

El arte griego utilizó los zarcillos y los racimos como motivo ornamental en sus decoraciones en frisos. Posteriormente, los romanos prosiguieron utilizándolo, incluyéndolo en el orden compuesto de sus ostentosas columnatas.

Cada cual se sentará bajo su vid, a la sombra de su higuera; y ninguno vendrá a turbar su paz. La boca de Yavé Sebaot ha hablado así.

(Miqueas 4,4)

En Israel, la vid y la higuera son símbolos de riqueza, paz y prosperidad. Un gigantesco racimo de uvas fue el principal fruto que trajeron los exploradores, como muestra de la fertilidad de la tanto tiempo esperada tierra prometida.

Llegaron hasta el valle de Escol, donde cortaron un sarmiento y un racimo de uvas, que cargados con un palo trajeron entre dos, juntamente con granadas e higos.

(Números 13,21-23)

En el libro del Eclesiástico compara la vid con la sabiduría. "Como vid eché hermosos sarmientos, y mis flores son fruto de gloria y riqueza." (Eclesiástico 24,27) . El llamado "canto de Isaías a la viña" es una cruel visión del pueblo de Israel, la viña cultivada por Dios.

Mi amigo tenía una viña en una loma feraz. La cavó, quitó las piedras, plantó cepas selectas; en medio de ella construyó una torre, y excavó también un lagar; y esperaba que produciría uvas, pero sólo produjo agrazones. Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá, juzgad entre mi y mi viña. ¿Que más podía hacerse con mi viña que yo no haya hecho?. ¿Por qué, esperando que daría uvas, solo ha dado agrazones?. Ahora, os diré que voy hacer con mi viña: le quitaré el seto y se hará pasto, derribaré la tapia y será pisoteada.

(Isaías 5,1-5)

El arte cristiano, heredero del mundo clásico adopta la vid como motivo decorativo, para capiteles y enjutas. Desde las basílicas paleocristianas, los templos románicos, hasta las grandes catedrales góticas y barrocas. El otro gran pilar del pensamiento cristiano es la tradición hebrea, donde vemos el mismo planteamiento y simbolismo de la vid tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En esta parábola Jesucristo anuncia su propia pasión y la extensión de su credo, más allá de los límites de la comunidad judía.

Un hombre plantó una viña, y puso una cerca; cavó un lagar, edificó una torre, la arrendó a unos viñadores y se ausentó.

A su tiempo mandó un siervo a los viñadores para recibir su parte de los frutos de la viña; pero lo agarraron, lo golpearon y lo despidieron con las manos vacías.

De nuevo les mandó otro siervo, lo descalabraron y ultrajaron...

Aún le quedaba uno, su amado hijo. Lo mandó por último pensando: "Respetarán a mi hijo".

Pero aquellos viñadores se dijeron: "Este es el heredero. ¡Ea!, matémosle, y será nuestra la heredad". Lo agarraron, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña.

¿Qué hará el dueño de la viña?.
Irá él y acabará con los viñadores, y dará la viña a otros.

(Marcos 12,1-9)

Las uvas tradicionalmente simbolizan la eucaristía; se suele representar mediante escenas de amorcillos cosechando uvas o pisándolas, como en Santa Constanza, en Roma. Para la Iglesia Católica el vino tiene una importancia capital.

Y tomando un cáliz dio gracias y lo entregó diciendo: "Bebed todos de él, que esta es mi sangre de la nueva alianza, que será derramada por muchos, para la remisión de los pecados. Y os digo que ya no beberé más de este fruto de la vid hasta el día en que lo beba con vosotros, de nuevo, en el Reino de mi Padre"

(Mateo 26,27-29)

Jesucristo mantiene la antigua asociación del vino con la sangre, por su colorido y por considerarse la esencia viva de la parra. En la interpretación textual o alegórica de este pasaje, reside uno de los principales motivos de diferenciación de los grandes movimientos cristianos. San Juan, en la terrible vendimia de la Apocalipsis, vuelve a identificar a los hombres, como los frutos de la viña del Señor, y al vino con la sangre derramada:

Salió aún del altar otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, y gritó, con gran voz, al que tenía en su mano la hoz afilada: "Echa tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, pues la uva está madura." El ángel echó la hoz afilada sobre la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y arrojó las uvas en la gran cuba de la ira de Dios. La cuba fue pisada fuera de la ciudad y de la cuba salió sangre hasta los frenos de los caballos sobre una distancia de mil seiscientos estadios.

(Apocalipsis 14, 18-20)

La forma exuberante, retorcida, sarmentosa con racimos y zarcillos ha fascinado a los artistas islámicos, ya que su propio sistema decorativo se basa en la multiplicación de modelos geométricos, así la parra, en forma estilizada fue muy utilizada. Heredera de esta tradición son las espléndidas labores artesanales de la tradicional azulejería toledana de Talavera de la Reina. A pesar de esta fascinación, para los musulmanes les está prohibido el consumo de vino, porque les hace olvidar los deberes del Islam, como la azalá, que es la oración institucional obligatoria musulmana.

¡Creyentes! El vino, el maysir, las piedras erectas y las flechas no son sino abominación y obra del Demonio. ¡Evitadlo, pues! Quizás, así, prosperaréis.

El Demonio sólo quiere crear hostilidad y odio entre vosotros valiéndose de vino y del maysir, e impediros que recordéis a Dios y hagáis la azalá, ¿Os abstendréis, pues?.

(Corán, sura 5, aleyas 90-91)

En este párrafo condena otras prácticas comunes en la Arabia preislámica, como son los piedras erectas, donde se hacían sacrificios de animales a los dioses, y el maysir, que era una especie de lotería, donde los premios consistían en partes del cuerpo de un camello, previamente sacrificado.

Los movimientos artísticos de finales del siglo XIX y principios del XX han vuelto los ojos a esta planta que resume la historia de la cultura mediterránea. El Art Noveau, el último gran estilo artístico que marcó una época de luces y sombras, se inspiró en los retorcidos zarcillos de nuestra planta. No fue sólo un mero estilo artístico, sino que supuso un movimiento de repulsa de la sociedad burguesa, a la que llamaban decadente. Fue un arte que quiso llegar a toda la sociedad, sin distinción de clases. Se inspiró en las ideas igualitarias del socialismo de Morris, por eso fueron tan importantes las artes aplicadas, como el diseño de muebles y cubiertos. Se buscaba un retorno a la naturaleza, reivindicando la libertad de las naciones oprimidas y el rechazo a las normas clásicas oficiales en las potencias imperialistas de una época marcada por el militarismo, que tan tristes consecuencias traería a Europa y al mundo entero.

Quizás el elemento más representativo de este movimiento fue el metro de París, medio eminentemente popular de transporte, cuyas entradas están flanqueadas por unas oníricas farolas vegetantes.

Las vides son la lujuria
que se cuaja en el verano

(F. G. Lorca)
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