Es la granada olorosa
un cielo cristalizado.
(Cada grano es una estrella,
cada velo es un ocaso.)
Cielo seco y comprimido
por la garra de los años.
(F. G. Lorca, Canción oriental)
El Granado (Punica granatum) es el árbol donde madura un fruto muy particular: la granada, llamada así por la cantidad de granos que la integran. Constituye un caso único en el reino vegetal, no se trata de una infrutescencia, es decir un fruto compuesto, sino complejo. El gineceo de la flor está dividido en carpelos que encierran gran número de cavidades, cada uno de ellos contiene una semilla rodeada por un episperma jugoso. Las tenues membranas amarillas que se encuentran separando sectores de la granada madura, proceden de la pared que limita los carpelos.
La diseminación se consigue mediante el resquebrajamiento de la dura capa protectora, cuando completa su maduración, permitiendo que los granos se esparzan. Por ello, cuando mejor se puede comer una granada, es cuando presenta este agrietamiento irregular, tan característico.
Su área de origen se sitúa en los Balcanes, Oriente Medio y la India. Precisa para su desarrollo climas templados o cálidos y suelos sueltos. Desde la antigüedad se ha cultivado este árbol; en tumbas egipcias de 2500 a.C. se han hallado restos de granadas. Los fenicios, los romanos y posteriormente los árabes difundieron su cultivo por toda la región mediterránea. También se ha expandido por el este, llegando hasta China. Los españoles lo introdujeron en el Nuevo Mundo, encontrándose actualmente plantaciones desde California hasta Argentina.
La granada tiene un sabor acídulo, agradable, refrescante y ofrece un buen número de propiedades higiénicas y curativas.
La corteza de la raíz se utiliza como antihelmíntico, para la expulsión de tenias. Se hierve la corteza con menta, para disimular su mal sabor, se toma como infusión, los plantelmintos se quedan paralizados y posteriormente son expulsados con un purgante. Desde fines del II a.C. se utilizaba ya la granada como curtiente por los antiguos egipcios. Antiguamente servía para fabricar tinta roja a partir de la corteza y de las flores. La madera es dura y homogénea, se utiliza para fabricar bastones y castañuelas.
Las sépalos de la flor del granado se conservan al madurar el fruto, formando una corona sobre el fruto. La ciudad de Granada luce en su escudo la imagen de una granada mostrando su rico interior, con la divisa "Nací con la corona" .
¡Qué hermosa esta granada, Platero!. Me la ha mandado Aguedilla, escogida de lo mejor de su arroyo de las Monjas. Ninguna fruta me hace pensar, como ésta, en la frescura del agua que la nutre. Estalla de salud fresca y fuerte. ¿Vamos a comérnosla?.
¡Platero, qué grato gusto amargo y seco el de la difícil piel, dura y agarrada como una raíz a la tierra! Ahora, el primer dulzor, aurora hecha breve rubí, de los granos que se vienen pegados a la piel. Ahora, Platero, el núcleo apretado, sano, completo, con sus velos finos, el exquisito tesoro de amatista comestibles, jugosas y fuertes, como el corazón de no sé qué reina joven. ¡Qué llena está, Platero! Ten come. ¡Qué rica! ¡Con qué fruición se pierden los dientes en la abundante sazón alegre y roja!.
(J. R. Jiménez, Platero y yo)
En la Alpujarra de Granada, este fruto se suele comer servidos sobre hojas de lechuga. Los granos de granada se utilizan como adorno y aderezo de numerosos platos tradicionales de la cocina del Próximo Oriente, como las tortas de mazapán que están abundantemente recubiertas de sus granos. Los turcos preparan una crema de arroz con almendras, denominada "keskul" , a la que añaden algunos granos de este fruto.
Por sus innumerables semillas, la granada es símbolo de fecundidad, atributo de Hera y Afrodita, las diosas de la fecundidad y del amor. En Roma, el tocado de las novias estaba hecho de ramas de granado. En África es símbolo de fecundidad maternal. En la India las mujeres beben jugo de granada para luchar contra la esterilidad. La disposición de los granos, tan unidos los unos con los otros, se ha considerado símbolo de la amistad. La separación de estos granos amigos ha de realizarse con suavidad; si al abrir el fruto, se separan con violencia, se rompen las bolsas que contienen las semillas, parece como si el fruto llorara por la brusca rotura de la unión.
La granada es corazón
que late sobre el sembrado.
Un corazón desdeñoso
donde no pican los pájaros.
Un corazón que por fuera
es duro como el humano,
pero da al que lo traspasa
olor y sangre de mayo
(F. G. Lorca)
Según la mitología griega, un granado brotó de la sangre del dios del vino, Dioniso, cuando fue despedazado por los titanes, y por ello el fruto se abre como una herida, mostrando su interior rojo. Para los antiguos griegos la granada simboliza la promesa de resurrección, pues Rea, la abuela de Dioniso, logró recomponerle y devolverle a la vida. También la tradición helénica cuenta que Hades, el dios del mundo subterráneo, raptó a la hermosa Perséfone; su madre, la diosa Hera, la buscó desesperadamente, hasta encontrarla y recuperarla; pero la joven había comido siete granos de una tentadora granada cuando estuvo en el reino de los muertos, rompiendo el ayuno aconsejado por Zeus, por lo que se vio obligada a descender de nuevo a los infiernos.
Finalmente llegaron al compromiso de que Perséfone pasara parte del año con Hera, la diosa de la fecundidad, dando origen a la explosión de júbilo de la primavera y en otra época con el dios del mundo subterráneo, surgiendo el desapacible invierno.
La tradición judeocristiana ve en el granado un símbolo de exuberancia, fue uno de los frutos de la tierra prometida, juntamente con uvas e higos. (Números 13,23) , tal y como siguió Moisés predicando a su pueblo durante los cuarenta años en el desierto, tras la liberación de la esclavitud en Egipto.
Yavé, vuestro Dios, os va a introducir en la tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes, de aguas profundas que brotan en el fondo de los valles y sobre los montes; tierra de trigo, de cebada, de viñas, de higos y granados, tierra de olivos, aceite y miel. (Deuteronomio 8,7-8)
San Juan de la Cruz en su "Cántico espiritual" reconoce en el fruto las perfecciones divinas, con sus innumerables efectos, la redondez que los encierra como expresión de la eternidad divina y la suavidad del jugo como la del gozo de un alma que ama y que conoce. La iglesia misma se reconoce como una granada que reúne bajo una cobertura protectora única a multitud de semillas fértiles de pueblos diversos.
Para los árabes el granado también es sinónimo de vergel y de regalo de Dios, con este sentido se menciona tres veces en el Corán.
Él es Quien ha creado huertos, unos con emparrados y otros sin ellos, las palmeras, los cereales de alimento vario, los olivos, los granados,... (Corán, Sura 6, Aleya 141)
En el Islam, el valor de la granada excede al puramente nutritivo, pues está considerado como fruto medicinal. En un hadiz, que recoge los dichos del Profeta, se indica: "Quien coma tres granadas en el curso de un año, será preservado contra las enfermedades oculares por ese año" . La literatura árabe es rica en imágenes en torno a la granada, a la que se le asocia cierto simbolismo femenino.
Sus mejillas son como la flor del granado
y sus labios jarabe de granadas;
de su pecho de plata brotan dos granadas
(Antiguo poema persa)
Los granados de Toledo o Toleitola, en la época de dominación musulmana, eran famosos por sus flores, que según cuentan, eran tan grandes como las propias granadas.
Se parece a la rosa por su doble fila de pétalos
y su color se aproxima al manto teñido de cártamo,
aparece enorgulleciéndose en una casa de fuego
imita a las mejillas de las vírgenes saturadas de rojo
y que hubiera sido rozadas por guiños y miradas
(Abu-l-Walid, Antología de poemas florales)
Este poema andalusí del siglo XI juega con una imagen etimológica imaginaria, pues la flor de granado en árabe se denomina yullanar y el poeta habla de una casa (yull) de fuego (nar) .
En la literatura árabe actual, este árbol sigue estando presente, como lo demuestra este relato publicado en 1932 por el escritor libanés Khalil Gibran.
Había una vez un hombre poseedor de varios granados en su huerta. Todos los otoños colocaba las granadas en bandejas de plata fuera de su morada, y sobre las bandejas escribía un cartel que decía así: "Tomad una por nada. Sois bienvenidos". Mas la gente pasaba sin tomar la fruta. Entonces, el hombre meditó, y un otoño no dejó granadas en la bandejas de plata fuera de su morada, sino que colocó un gran cartel: "Tenemos las mejores granadas de la tierra, pero las vendemos por más monedas de plata que cualquier otra granada". Y, creedlo, todos los hombres y mujeres del vecindario llegaron corriendo a comprar. (Khalil Gibran, Las granadas, El vagabundo)
Este escritor fue gran entusiasta de los antiguos poetas del "paraíso perdido", al-Andalus, la civilización que se hundió cuando Boabdil "el chico", el último rey nazarí marchó hacia el exilio. Según cuenta la leyenda, en un alto, conocido hoy como el Suspiro de Moro, lanzó su última mirada hacia atrás, la fértil vega de Granada, donde esta cultura originaria del desierto había encontrado un lugar pródigo por la naturaleza y lo había convertido en un rico vergel de jardines y fuentes.
La granada es la prehistoria
de la sangre que llevamos,
la idea de la sangre, encerrada
en glóbulo duro y agrio,
que tiene una vaga forma
de corazón y de cráneo.
(F. G. Lorca, Canción oriental)
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