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   Edición 68 / Marzo del 2000

Opinión


"Los Misioneros del
Monte Pampeano"

Por Prof. Juan Pablo Panozzo
panozzo@cpsarg.com
www.panozzo.com.ar

Argentina


Hombres ágiles, seres tremebundos y de gran coraje; viajan desde la frondosa selva misionera, transitando por el monte chaqueño y la sabana del litoral argentino. Arriban, luego de recorrer más de 2.000 kilómetros, a la grandiosa llanura pampeana con ansias de enriquecerse económicamente y regresar a su tierra natal (la Provincia argentina de Misiones) en inmejorables condiciones de vida.

También conocidos como "hacheros" (aunque el instrumento de trabajo: "hacha" se haya reemplazado por las actuales sierras automotrices). Constituyen pequeños grupos, traídos por grandes empresas (argentinas y extranjeras) que sólo dejan "tacones" y desolación en la verde llanura.

Es necesario conocerlos para saber de su valentía, entre los colosales árboles, su trabajo rudo y desprolijo (por atentar contra la sabia naturaleza) pero ideal para sus "patrones" (sus jefes), pero por sobre todo es necesario remarcar la resistencia de sus cuerpos a las inclemencias del tiempo.

Soportan calor (aunque no tanto como en la selva), insectos y picaduras molestas, pésima alimentación.. pero por sobre todo una angustiosa soledad en medio del monte y lejos de todo centro urbano.

Muchas veces dejan sus vidas en la "tala" (corte) de un árbol; trabajan desprovistos (en muchos casos) de los elementos fundamentales para una seguridad básica (casco, guantes, zapatos o borseguíes de cuero con punta de acero y antiparras).

Así viven: "amontonados" en una casilla de madera o en los mejores casos de chapa, con los mínimos enseres para poder cocinarse los alimentos que escasamente ingieren en la jornada.

Durante la mañana y las tardes suele observarse una ronda de muchachos "dorados" por el intenso calor del sombrío monte, bebiendo una bebida clásica de nuestros antepasados aborígenes (el mate), en este caso fría (o lo más que se pueda)... "el tereré".

Penosas jornadas rodean a la muchedumbre; humildad, tesón y la incansable tarea de cortar y desmontar. Denotan ser jóvenes (a veces, suele observarse la presencia de personas mayores de 35 años; en ese caso son lugareños) que crecieron en lugares similares a los que trabajan... actividad transmitida de generación en generación, sólo cambian (perjudicando al hombre) algunas cosas:


  • Cada vez se valora menos la vida del "otro", ya no hay "amigos".

  • El dinero que logran reunir semanalmente, no alcanza ni para poder subsistir humildemente.

  • La maquinaria desplaza más y más trabajadores hacia la desocupación.

  • A los 35 años, los seres humanos ya son desechables; se busca a chicos cada día más jóvenes, que resistan el duro trabajo.

  • Las hectáreas desmontadas son cada vez más y no sólo eso, sino que no se respeta la FORESTACIÓN (debería ser la cara visible de las empresas madereras).@






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