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Edición 67 / Febrero del 2000   




El Sauce ...
El Eterno Ciclo de la Vida

Por Miguel Herrero Uceda
Corresponsal en España

hu@nexo.es


España


     Los sauces forma un grupo de árboles que poseen una de las mayores distribuciones geográficas. Se encuentran sauces desde Europa y Sudáfrica hasta Japón y desde Canadá hasta Argentina. Tanta extensión ha originado una gran variedad de especies, más de 300; desde los 35 m del sauce negro norteamericano (Salix nigra), hasta el sauce que Linné consideró el árbol más pequeño del mundo (Salix herbacea), una pequeña planta de crecimiento horizontal que sólo alcanza 8 cm de altura, habita en zonas inhóspitas de alta montaña de los Pirineos y otras cordilleras europeas.

     De todas estas especies, la más conocida es el sauce llorón o de Babilonia (S. babylonica). El porte de este árbol es inconfundible: muchas ramas finas, flexibles y largas que cuelgan desde la copa hasta alcanzar al suelo, que le dan ese aspecto tan característico. Las hojas son doradas, laceoladas y estrechas, que incrementan el efecto visual. Su área de origen está situada en China, pero hoy se cultiva en los jardines de todo el mundo, especialmente a la orilla de ríos y estanques como árbol decorativo singular. Su popularidad en el diseño de jardines contribuye el hecho de ser uno de los árboles de más rápido crecimiento.

     Existen otros sauces empleados en jardinería como el sauce cabruno (Salix caprea) que presenta una floración espectacular. Su relación con las cabras radica en que los brotes son bocado exquisito para estos animales. Otros tipo de sauces ornamentales son los tortuosos, como el S. matsudana "tortuosa"; un soberbio árbol de ramas retorcidas que puede formar una ensortijada esfera de 15 metros de altura. Es característico de los jardines de tipo japonés.

     En el mundo rural, el sauce más común e importante, desde el punto de vista económico, es la mimbrera (Salix fragilis). Se distingue por su relativa poca altura, la tendencia natural de formar varios troncos y por la aparente fragilidad de sus ramas, que le ha valido el calificativo de fragilis. Sin embargo, estas ramas lejos de ser frágiles, son muy resistentes, por lo que tradicionalmente se utilizan en cestería.

     En la actualidad, la madera de sauce es poco apreciada, se emplea para la fabricación de embalajes y papel. Los pueblos antiguos encontraron una aplicación óptima para esta madera; una aplicación que por fortuna hoy no es necesaria, aunque por desgracia no sería suficiente.

     La medicina tradicional empleó con fines medicinales la corteza de sauce, llamada cortex salicis, como analgésico y antipirético. Mucho tiempo después del descubrimiento de este remedio popular, se aisló una sustancia blanquecina de la corteza, a la que se llamó salicina. Las enzimas de la saliva transforman esta sustancia en ácido salicílico. Este ácido, tras un proceso de acetilación, mezclándolo con productos derivados del vinagre ó ácido acético, se obtiene el ácido acetilsalícilico, conocido hoy comúnmente como aspirina.

     A pesar del alegre colorido de las hojas, a veces se asocia al sauce llorón con un sentimiento de tristeza. No es en sí una sensación amarga o dolorosa, sino nostálgica, quizás recuerdos de tiempos pasados, cosas lejanas que nunca volverán, que quedaron atrás por el implacable ciclo de la vida. Su mismo nombre, sauce de Babilonia, indica esta sensación, porque sus ramas colgantes rememora, en cierto modo, los jardines colgantes de Babilonia, una de las siete maravillas del mundo antiguo que no sobrevivió al paso del tiempo.

     En la mitología clásica, Perséfone, la diosa del renuevo cíclico, tenía un bosque de sauces. Por una acuerdo entre los dioses del Olimpo y el de los infiernos, Perséfone tenía que pasar medio año con su madre, la diosa de la fertilidad y el otro medio en el submundo, dando origen a la alternancia del ciclo anual de estaciones.

     Hermas, teólogo cristiano del siglo II, considera al sauce como símbolo de la permanencia de la ley divina, frente al cambiante mundo terrestre, por la conocida vivacidad del árbol y la facilidad de supervivencia de las ramas cortadas y plantadas en tierra.

     En el Extremo Oriente, el sauce tiene un valor de permanencia, de inmortalidad. Las sepulturas de personajes míticos, cuyas ideas y acciones rompen la barrera del tiempo, está situada a la sombra de sauces. Según una antigua tradición china, existe una lugar de inmortalidad Mu-yang tcheng, la Ciudad de los Sauces; es la ciudad de los justos donde toda acción es sopesada. Para los místicos tibetanos, la inmortalidad tiene un gran valor, por ello plantaron sauces ante el santuario de Lhasa, centro religioso de Tíbet.

     Entre los pueblos amerindios de las grandes praderas, el sauce es también un árbol sagrado, símbolo del renuevo cíclico. Las hojas caen a la tierra, al descomponerse renacen en la siguiente primavera, como los hombres que mueren y renacen en el gran espíritu.

     Quizás con este sentido de renuevo cíclico, aunque de forma mucho más trágica, se entiende en Rusia el sauce, donde se dice que "quien planta un Sauce, prepara la azada para su tumba". Esta muerte no es más que el cierre del ciclo de la vida.

     Desdémona, la esposa de Othello del drama shakespeariano, en la noche anterior a su muerte, se le venía a la mente la canción del sauce que cantaba una joven, cuyo novio enloqueció y la abandonó. Una canción antigua que, como la propia Desdémona señalaba, de forma certera expresaba el destino de aquella pobre muchacha.

     Por encima de todo, el sauce es un árbol de hojas verdes luminosas, que le gusta los lugares amplios, los arroyos frescos y el sol. En sus ramas habitan innumerables insectos, que a su vez atraen a pájaros insectívoros, y así sucesivamente. Otros ven en su densa copa protección para criar a sus polluelos. Esta diversidad viva da origen a la formación de un pequeño ciclo vital dentro del propio árbol, donde coexisten presas y depredadores, protección y peligro.

     Se cuenta que el fundador del taoísmo, Lao-tse, le gustaba ponerse bajo los sauces para meditar sobre el significado de la vida. Con ese mismo sentido en literatura se recurre a la imagen de estos árboles, como en el libro de poemas "El sauce permanece" del escritor paraguayo José Luis Appleyard.




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