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Edición 67 / Febrero del 2000   



Alimentación
¿Qué comemos? - ¿Qué bebemos?


Por Juan Javier Álvarez
info@ambiente-ecologico.com




     El hecho de comer, es un acto tan cotidiano y repetido que rara vez reparamos en él con la atención que merece. ¿Sabemos la calidad de lo que habitualmente ingerimos en concepto de comidas y bebidas? ¿Conocemos su procedencia, condiciones de higiene y controles por los que el producto en cuestión debió pasar? ¿O tan sólo lo llevamos a la boca?

     En enero de 1993, unos 400.000 pollos fueron despachados para su comercialización, sin el correspondiente control bromatológico del SENASA al utilizarse certificados firmados en blanco, justamente por miembros de ese organismo. En febrero del mismo año, mueren cerca de treinta personas por ingerir vino adulterado con alcohol de quemar. Este hecho se repetirá pocos meses después," y morirán otras 26 personas, también por vino "estirado".

     Pero si vamos un poquito más atrás en el tiempo, podremos recordar otros casos que, relacionados con la alimentación, nos dejaron con la boca abierta:

     El juez Daniel Llermanos, a principios de 1992, toma cartas en el asunto de la "muzzarella contaminada". Por otro lado, su par, el juez Ricardo Wechsler, acciona sobre las partidas de leche en polvo marca "Jorgiano" cuyos destinos eran los planes materno-infantiles de la provincia de Buenos Aires. ¿Hacen falta más ejemplos?...

     Y eso, que todavía no hablamos del tratamiento de los alimentos en los puestos callejeros donde, en muchos casos; comer involucra un pasaporte cierto para una buena afección gástrica. Pues no sólo se trata de la calidad de los productos en sí, sino de su posterior traslado, manipulación y preparación final.

     Si un sandwich esta bajo una campana de vidrio, al soI, durante todo el día, es posible que sufra ciertos cambios que se traduzcan, a su vez, en otros cambios en la salud de quien lo ingiera. O las manos poco higiénicas del patrón del boliche de hamburguesas y choripanes, cuando deja la rejilla con la que estuvo limpiando bajo el mostrador, y acto seguido, ernpuña y abre el delicioso pan que vamos a degustar, para depositar (ahí sí, con pinzas, porque si no se quema) la pieza de carne solicitada.

     Y qué decir de las ensaladas mal lavadas, el uso de productos vencidos o de dudosa marca (y más dudosos controles) las cucarachas corriendo en las cocinas y mostrador, la falta de higiene elemental al tratar alimentos que se consumirán sin hervir ni cocer, frituras que caen como plomo, y tantas cosas más.

     Pero a veces, amigo mío, todo comienza por casa, cuando vamos de compras. Entre las reglas de oro a observar figura la que dice que hay que verificar la fecha de envasado y vencimiento del producto, la cual debe figurar en forma clara y visible, como también los números de R.N.E. y R.N.P.A.

     Otra regla habla de los caracteres organolépticos de los elementos, es decír, lo que nuestros sentidos captan y que nos sirven como indicadores de su buen o mal estado. Ejemplo: Latas hinchadas u oxidadas por dentro, que puden contener alimentos pasados o corrompidos.

     Piense que el ser humano puede sufrir intoxicaciones alimentarias de origen animal o vegetaL Las del tipo animal pueden provenir de pescados, carne o moluscos descompuestos; en el segundo tipo, es decir, de origen vegetal, los alimentos alterados pueden ser harinas contaminadas con hongos. Sea como sea, los síntomas muchas veces se presentan con vómitos, diarrea y calambres que, si no se tratan rápida y debidamente, pueden originar cuadros graves.

     Una intoxicación severa es el botulismo, causado por el accionar de un bacilo. De no medicarse a tiempo, produce la muerte del afectado al cabo de pocos días, por parálisis respiratoria.

     De ahí que los controles bromatológicos de los alimentos (composición, estado, condiciones de elaboración e higiene, envasado, etc.) revisten vital importancia, a fin de provenir posibles cuadros como los descriptos. Pero lo importante es que éstos y otros controles a los lugares de expendio de alimentos, se realicen periódicamente y a conciencia, por personal suficiente (en número y capacitación).

     Para el consumidor, es importante tener presente, cuando deba comprar alimentos (sobre todo del tipo envasado) la confiabilidad de la marca productora, lo cual otorga el respaldo y la seguridad que se realizaron ciertos controles esenciales de calidad y cantidad (porque otra de las trampítas es la falta de cumplimiento de la cantidad que dicen contener los envases).

     En suma, abrir bien los ojos y pretar atención. Y a esto también se refiere al hecho de comer en puestos que no reunan las condiciones mínimas de higiene y servicio.

     Cabe destacar antes de proseguir que una persona de 70 kg de peso con una actividad de desgaste medio tiene que consumir unas 2.500 calorias día; y la dieta debe contener leche y sus derivados, frutas y verduras, carnes, cereales, legumbres, grasas y azúcares. Es decir, no abusar de un tipo de alimento en detrimento de los otros, lo que causaría cierta descompensación nutricional.

     Es conocido el hecho que, en las sociedades desarrolladas de nuestro tiempo, se ha incrementado eI consumo de grasas de origen animal, con las consabidas repercusiones en la salud, a nivel de aumento del colesterol y problemas asociados. Por otra parte, el incremento en el consumo de azúcares refinados, llámese dulces o golosinas, trae aparejado afecciones dentales (caries), sobre todo en los niños.

     Conocido ¿no? ¿Pero usted sabe qué otras cositas ingiere con sus alimentos? Unos productos llamados genéricamente "adítivos".

     Existen nueve grupos básicos de aditivos que, por definición académica, son sustancias que la industria alimenticia adiciona a ciertos productos para preservar (o acentuar) las condiciones de color, sabor, olor, vida útil, etc. Encontramos entonces a los conservantes, colorantes, acidulantes, emulsionantes, saborizantes, edulcorantes, antioxidantes, espesantes y aromatizantes. Pero muchos de estos aditivos tienen consecuencias en la salud de las personas, como provocar alergias, o hasta potenciar estados cancerígenos.

     Y en esto el control de las autoridades pertinentes reviste vital importancia, a la par de una conciencia ciudadana sobre la conveniencía de, en lo posible, volver a los natural y consumir los alimentos sin mayor adiciones. Ni hablar por supuesto de los restos de pesticidas en los vegetaIes; por ello, y en todo el mundo se acrecienta el consumo de frutas y verduras producidas en las llamadas "Huertas Orgánicas", que emplean métodos naturales de abono y control de plagas, evitando de esa forma las nefastas consecuencias de ciertos agroquímicos.

     Otro punto a tener en cuenta es el control riguroso del servicio brindado por concesionarios en colegios, empresas y reparticiones públicas y privadas, para dar de comer a la gente. Este tipo de control no puede olvidarse, en vitud del potencial peligro que exístiría por su ausencía para la comunidad.

     En suma, el tema "alimentos" merece que le prestemos debida atención, y si bien es complejo en sus facetas, debe encararse principalmente por la educación del consumidor, para que pueda elegir correctamente y hacer valer sus derechos o, cuando éstos no se cumplan; peticíonar para que se hagan cumplir.

     Todos tenemos derecho a una comida sana, expedida por negocios que cuenten con el debido control por parte de los organismos municipales pertinentes (y que, sobre todo, que estos controles sean periódicos); que este negocio brinde un servicio con la calidad e higiene que corresponde y además, la atención que nuestro dinero vale. Pues no nos olvidemos de eso: nosotros, como consumidores, pagamos en buen dinero por lo que adquirimos, y no resultaría nada grato, como muchas veces pasa, abonar algún "plus" por medicamentos que nos curen por una intoxicación alimentaria. @




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