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Cuando abrimos el correo electrónico desde hace algunos meses, a veces apostamos con Pablo (Gillari Cés) ¿cuántos nos preguntarán hoy sobre el problema de las antenas de los celulares, las de radio (FM y AM), los hornos microondas, las emisiones satelitales, etc, etc.? Desde que estamos en la red -junio '96- la cantidad y preocupación de la gente sobre ese tema se fue incrementando, por esa razón, el Consejo Editorial del MAE se comprometió a investigarlo a fondo hecho que se evidenciará en los próximos números. De forma similar, la Corporación Síntesys de Santiago de Chile se encuentra elaborando, con un grupo de sus científicos, un informe en torno a las antenas de telefonía celular y las diversas áreas de investigación sobre sus efectos en la salud, este informe les ha sido encomendado por las empresas que prestan el servicio de telefonía celular en la República de Chile. Algo que ya nos estaba preocupando demasiado y queríamos investigar allá por 1993 era la influencia que podrían tener sobre los organismos vivos las ondas radioeléctricas emanadas por la proliferación indiscriminadas de las estaciones de radio ilegales -en Argentina la denominamos "Truchas"- tanto AM como FM, anque, alguno que otro canal de TV de aire. Quisimos ir a unas de las fuentes. Escribía en junio de ese año, en nuestra publicación gráfica cuando todavía se llamaba "Ámbito Ecológico", el que ocupaba la dirección máxima -como Interventor- del Comité Federal de Radiodifusión de la Argentina -ComFeR- el señor León Guinsburg. Él nos decia: "... La fecundación de una conciencia ecológica pasa, indudablemente, por el caudal de información que llega al común de la gente, ajena totalmente a los peligros cotidianos que sobreviven a partir de la irresponsabilidad con que se trata a la naturaleza. Los medios se limitan al pantallazo general o a enunciar causas, sin detenerse en los consecuencias que devienen de los efectos. El hombre, víctima inefable de la desinformación por negligencia, de la desopinión por ignorancia de muchos que hablan sin conocimiento adecuado y de la deformación a raíz de la vanalidad imperante, prosigue con su patología autodestructivo carcomiendo los fundamentos de su especie. La histeria radiodifusiva, más allá de los contenidos poco sustanciosos, ya constituye un peligro biológico. La proliferación de antenas irracionalmente emplazadas, con su secuencia de emisión de ondas radioeléctricas, entrañan un real peligro para la salud humana. Al respecto, hubo un pronunciamiento, ya añejo, de la Organización Mundial de la Salud organismo dependiente de las Naciones Unidas. Cáncer, neurosis, alteraciones de conducta, son sólo una parte de las complicacíones que trae el abuso indiscriminado del espectro radioeléctrico, problemática que hoy sufre la Argentina merced a la radiodifusión clandestina, cuyo uso ilegal de frecuencias y potencias más allá del transtorno social que implica puede derivar en tragedias personales o colectivas. Puede que esta afirmación huela o exageración interesada dada mi condición de Mular del Comité Federal de Radiodifusión, entidad encargada de hacer cumplir las normas que atañen a la radiodifusión. Pero el dato de la realidad relego cualquier tipo de pretexto que presuntamente este destinado a intimidar un sector -trucho o no-, que surgió del abandono de una política comunicacional coherente por parte del Estado, y que el Estado mismo, soportando las consecuencias de una pesada herencia, hoy está empeñado a retomar. El rígor científico de esta información de lo OMS está avalado por serias investigaciones a cargo de especialistas que han tomado como base áreas con concentración de transmisores de radio. El país, sujeto a omisiones y vacios jurídicos, hoy por hoy no pena sino con un decomiso de equipamiento a aquellos que ejercen el apoderamiento indebido de frecuencias y usan irresponsablemente el material radioeléctrico. La necesidad de enriquecer el Código Penal con la efectivización de un castigo tipificado en este apoderamiento indebido de frecuencias es una necesidad impostergable. En 1990 el COMFER envió al PE -Poder Ejecutivo- un proyecto de Ley que hoy está en el Congreso. Cuando se convierta en Instrumento jurídico, el ambiente dispondrá de una herramienta formidable y persuasiva en manos de sus protectores. |
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El ser humano, inteligente por condición, no puede impugnar con hechos de criminal irresponsabilidad la equidad de su hábitat ni destruir su propio sistema biológico, ni los contornos del mismo. Lo conciencia informativa, formativa y educacional que le es propia a los sectores comunicacionales debe ponerse al servicio de la causa de la supervivencia, aún cuando se descarte cierta tecnología que en lugar de servir solamente contiene, por su mal uso, efectos disgregadores... ". Hoy, a principio del año 2000, en la Argentina, esa situación sigue sin modificaciones. Hasta el próximo número. @
Antonio Nicolás Gillari
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