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Edición 67 / Febrero del 2000
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Una antigua copla alemana, que cantaban los chicos de corta edad, decía:
"En el reino del Beodez
van las cosas al revés;
el ratón persigue al gato
y el ladrón condena al juez".Muchos años más tarde, María Elena Walsh con su singular ingenio la popularizó en la famosa canción con el nombre del "Reino del revés", canción que han cantado nuestros hijos y ahora lo siguen haciendo sus descendientes.
Cuando a veces la vuelvo a oir, pienso si esas "pícaras" estrofas, no estarán haciendo alusión a nuestro país y a su dudoso futuro.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la Argentina tuvo una gran cantidad de distintos gobiernos de todos los "colores", tendencias y características propias (incluido el actual), pero todos ellos tuvieron un denominador común: el desprecio del cerebro de sus propios habitantes.
Durante casi sesenta años, hemos estado regalando nuestra verdadera riqueza a los países del Primer Mundo. Ellos se enriquecen más y nosotros nos seguimos empobreciendo. Y el problema es más grave todavía. El Estado invierte aproximadamente entre 250.000 y 300.000 pesos para educar, formar y conseguir un buen profesional, de cada uno de estos cerebros. Entonces, realiza el "gran negocio" de regalanos. Por supuesto, antes se hace una elección y se van los mejores, son los que poseen el conocimiento y la tecnología. "Esos países ganan triplemente porque luego venden tecnología, llave en mano, de alto precio, a las mismas empresas y/o países que no han fomentado la investigación local" (A. Prins, La Nación, 29/7/98).
En una colaboración que publiqué el año pasado, comparaba esa fuga de profesionales y científicos, con el éxodo de los jugadores de fútbol, que cada año es más grande y es un real motivo de preocupación en todo el país, incluyendo su clase de dirigentes y personalidades del Gobierno (La Nación, 9/9/98).
Luego leemos en los diarios los problemas que tiene el Gobierno con el FMI que "se mete en las cuestiones internas del país". Evidentemente hay una falta de independencia, política-económica que no hubiera ocurrido a mitad de siglo, cuando la Argentina era respetada en el concierto de las naciones.
Éramos un país joven y con mucho futuro. Nos comparaban con Australia y Canadá. En ese momento en todo el mundo comenzó un impresionante desarrollo científico-tecnológico, mientras que nosotros, los argentinos, permanecimos no sólo como espectadores, sino que somos buenos consumidores.
Nuestra generación tiene la grave responsabilidad de haber recibido un país rico de sus mayores. La pregunta que todos nos hacemos es qué clase de país vamos ha dejar a nuestros nietos y sus descendientes. Me preocupa la Argentina que va a comenzar el tercer milenio. Y cuando medito este problema, creo que todos somos responsables. Ha habido a lo largo de estas décadas una falta total de líderes de excelencia. Escuchando una conferencia del Dr M.A. Cornejo en la Universidad de México (1993) él definía con gran precisión los tres requisitos para gestar un líder de excelencia.
El primero, una determinante circunstancial favorable (en la Argentina el momento fue fértil para que eso ocurriera, como pasó en todos los países del mundo después de la Segunda Guerra Mundial, con la diferencia de que casi todos ellos apostaron a la Ciencia).
El segundo, el líder debe tener un alto contenido de valores morales. Es la columna vertebral que diferencia un líder de excelencia, con otro que lleva a un país o a una comunidad al desastre (tenemos muchos ejemplos).
El tercero, es también muy importante. Si un líder tiene altos valores éticos, pero no está comprometido, de nada sirve. No se puede esperar sentado" que las cosas mejoren solas. Han pasado casi sesenta años. El gran "navío" que es el país ha estado estancado y ahora está comenzando a hundirse lentamente. Repito, todos nosotros somos responsables de la situación actual de la Argentina.
Dirigiéndome ahora a las generaciones más jóvenes, deseo que reflexionen seriamente si entre todos ellos no puede surgir un verdadero líder de excelencia, que "sueñe con los ojos abiertos", que se comprometa ciertamente por un ideal y que lo siga sin claudicaciones. @
N.de R.: Esta nota editorial fue editada en el Tomo 52, Nº 1 y 2, correspondiendo a los meses de enero-junio de 1999.

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